Pedro Arturo Estrada

La Temperance - Niki de Saint Phalle- Bulova Corporate Center - NYC

La Temperance – Niki de Saint Phalle- Bulova Corporate Center – NYC

El más cruel, escribió Eliot. Sus motivos tendría para decirlo aunque si lo pensamos mejor, la belleza puede ser a veces cruel, a veces terrible como lo escribiera Rilke, otro poeta enorme. En abril, sin embargo, la añorada calidez del aire comienza a ascender desde los pies a las manos, a invadirnos deliciosamente el pecho y las mejillas. Somos carne hecha para la luz, la tibieza, la caricia lenta que despierta y recobra su nido. Somos umbrales abiertos al brillo que revive, al perfume que revienta, a la dulzura que regresa, a la música secreta de las hojas restableciendo su dominio sobre la rama yerta. Y eso basta a pesar de las pocas esperanzas que suelen aparecer en el horizonte e incluso, de las intranquilizadoras noticias con las que el mundo nos recuerda que “paseamos sobre el infierno contemplando las flores”, según lo advirtió Issa, también otro poeta. Tal vez ahí viene a cuento la  crueldad. En el contraste que se da entonces, en el choque que en nosotros se genera íntimamente: la belleza que los sentidos nos trasmiten y la desnuda contundencia de los hechos que en nuestra conciencia debemos enfrentar aún.

Pero la belleza, la calidez, la alegría de los sentidos con que nos saluda abril nos basta, repito, para levantarnos y salir, darle otra vez vuelo a las pequeñas labores que tenemos enfrente. Vale por una eternidad que los ojos puedan “irse de paseo” y regocijarse, como allá en la infancia, en la transparencia, la reverberación del color en el agua. Es bello abril desperezándose en las ventanas, desplegándose en alas irisadas por los parques, resplandeciendo contra los rascacielos, transitando veloz en las solapas y los anteojos gigantes, saltando entre los taxis, los parasoles, las mesas y los trajes, ahora más ligeros, ahora menos grises. Menos cruel abril invitando desde las comisuras, aleteando en las pestañas de las muchachas, llamándonos entre susurros verdes, columpiándose en las tardes sobre las cabezas de los viejos. Menos cruel abril cantando otra vez en el metro, sacudiendo la alfombra, descalzándose impune en la hierba rala. Aunque amenace el viento con renovar sus furias, aunque vengan de lejos a escribir sobre el cielo su carta apocalíptica los aviones del miedo. Es abril con su fuerza, con su cola de sueños cabalgando la sangre, reponiendo la flor, desnudando la boca, llameando en los ojos, recordándonos infaltable la antigua promesa de vivir.

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Envigado

Abril, 2013