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Adoro la libertad del vuelo en la ventana”

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Roberto Resendiz. Poeta mexicano

Por Ricardo León Peña Villa

Ricardo León Peña Villa - Foto Archivo

Ricardo León Peña Villa – Foto Archivo

Siempre he tenido presente que alguna profecía ‘dice’ que a Manhattan la cubrirá una gran ola y será su fin. Pues bien, este domingo de últimos días de invierno llegaba con el pronóstico de ser un día casi primaveral, mas, amaneció gris. Yo había tenido una gran somnolencia desde el despertar y el pesimismo instalado en mí, me hacía recordar esa premonición o anuncio del fin.
A mediodía volví a mi cama con los ojos pesados y me di la licencia de dormir en domingo más de lo acostumbrado. Pasadas las horas, despierto, miro el reloj y son las 4:44 e inmediatamente vino a mi pensamiento la historia de la debacle de la ola, venía en mi pensamiento desde el otro mundo al letargo, y lo recordaba. Sentí susto mientras calzaba mis zapatos para ir hasta la cocina a beber algo de la nevera. El susto estaba insinuado en mí, y sentí que desde afuera del edificio venía una vibración muy fuerte, como una gran nube de abejas que alteran el orden y zumban con gran fortaleza. Es la gran ola, pensé, y entré en pánico.
La reacción inmediata fue ponerme a rezar imparablemente, sin otro pensamiento que las oraciones religiosas que llevan al cielo según decían mi madre y la iglesia católica. Recé y recé hasta perder la noción del mundo.
Han pasado ya varios meses y esa es la única voluntad y memoria que tengo de mí: rezar, rezar, rezar. Afuera oigo los pasos del enfermero que trae las pastillas para calmarme. También recuerdo que tuve amigos y quisiera que ellos vinieran en mi rescate. No recuerdo sus nombres, ni sus rostros, pero sé que existen. Quisiera que me rescataran de este infierno. Estoy en un lugar que se llama Pabellón siquiátrico del hospital Bellevue. Así dice en el uniforme de los enfermeros. Después de las pastillas caeré de nuevo en los rezos y serán más agudos los zumbidos de las abejas y sentiré más alta la ola que acabará con esta isla de la perdición. Y conmigo. La última memoria me dice que era domingo, hoy no sé qué día es. En la pequeña ventana en lo alto de la pared, hay una paloma.

R.L.Peña-Villa
Umbrella House, eneyé 2011

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Nota de Tata Lopera, viuda de Peña Villa

El Poe ingresa a la unidad de cuidados intensivos en la que pierde la noción del tiempo y del espacio durante 15 días; tal vez tiene la certeza que de allí no saldrá: “Después de las pastillas caeré de nuevo en los rezos y serán más agudos los zumbidos de las abejas y sentiré más alta la ola que acabará con esta isla de la perdición. Y conmigo. La última memoria me dice que era domingo, hoy no sé qué día es. “Un tsunami arrasa una parte de Japón el 11 de marzo de 2011, el día en que El Poe se va. ¿Qué tanto sabía que él no sabía pero lo escribía?

Tata Lopera

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