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TRIACAS de Miguel Falquez-Certain

Portada de TriacasUn bello libro de cuentos cuya estructura, unidad temática y homogeneidad estilística podría darle también características de novela es Triacas, publicado en 2010 con el sello editorial Book Press NY, escrito por Miguel Falquez-Certain (Colombia, 1948), narrador, dramaturgo, traductor y poeta colombiano radicado en Nueva York desde los años setenta. Triacas era una palabra de origen popular usada en la Barranquilla natal del autor puesta de moda a mediados del siglo pasado y con la que se designaba peyorativamente a los homosexuales.

La narrativa de Falquez-Certain nos recrea con gran solvencia, en una prosa cargada de reminiscencias, distintos periodos y pasajes de la vida de Carlos Alberto Rivadeneira, personaje central de estos relatos en los que el elemento autobiográfico no se elude pero tampoco se convierte en lastre, como suele suceder. La realidad allí contada nos toca íntimamente, nos involucra por su tono sincero y coloquial que logra establecer un vínculo profundo desde las primeras líneas.

Exceptuando algunos cuentos cortos intercalados que rompen el “corpus”, hay una gran cohesión, una línea de continuidad muy clara y fuerte que une un relato con otro y le da esa unidad novelada al libro. Desde la primera niñez de Carlos Alberto en Barranquilla hasta su muerte en Nueva York (suceso con el cual se cierra el círculo, relatado en las 70 páginas finales de la noveleta “Bajo el adoquín, la playa”), cada cuento corresponde a un momento clave en la existencia del personaje que, no obstante, sería inexacto identificar con el yo del autor por más paralelos o semejanzas que pudiéramos encontrar entre éste y su personaje. Para Falquez-Certain importa muchísimo más el rescate de un mundo vivido y su transformación en literatura, rescate de una época muy particular en aquella Barranquilla hermosa y un poco alocada de los años 50 y 60. Sus personajes son jóvenes que buscan agotar el placer de vivir antes que el tiempo escatime no sólo ese goce sino la belleza y el deseo que alienta en ellos. El calor del trópico, la música, el carnaval, el amor homosexual se mezclarán en algún momento a la tragedia, al dolor. Sin embargo, es la literatura la que finalmente salvará todo ello de la simple anécdota, del anodino recuento de unos sucesos. En tal sentido son bellos relatos como “Pan y vino”, donde se recrea la voz de la infancia de Carlos Alberto en plena inocencia pero empezando a despertar a un mundo de suyo muy sensual y fascinante, bajo la sombra de un padre consentidor y una madre también tierna y complaciente. Estas figuras familiares encarnan la permanencia, una felicidad que después desaparecerá y proyectará un halo de nostalgia sobre las páginas futuras.

Otro cuento, ya de la adolescencia, evoca y define un destino singular: “Cuando sientas el llamado”, con un Carlos Alberto ya turbado por emociones que no le son fáciles de ocultar. De igual modo, son claves historias como “Vedados de ilusiones” y “Traigo de todo”, donde el muchacho se reconoce al fin y asume su sexualidad al tiempo que advierte ya las señales de un difícil destino frente a la sociedad que le rodea, el prejuicio moralista y la hipocresía que disfraza de violencia explícita o soterrada su propio miedo y miseria espiritual. Esa violencia soterrada y cobarde será la misma que en “Confusas alarmas” alcanzará a mostrar su lado más oscuro, propio de gentes que en la época descrita todavía se preciaban de perseguir y agredir impunemente a quienes asumían una condición, un modo de ser en contraposición de un sistema cerrado de costumbres, hipocresía y moralismo exacerbados, mientras por otra parte, el machismo, la corrupción, el atropello, la miseria mental y la vulgarización campeaban a su gusto.

Triacas es, por lo demás, un libro excelentemente escrito, una obra cuya consistencia literaria le otorgan desde su publicación una creciente notoriedad entre lectores rigurosos y selectos. Junto a algunas otras obras de culto que tratan el tema de la homosexualidad en Colombia, creemos que este libro de bellos y bien logrados cuentos, con la noveleta que cierra el ciclo, “Bajo el adoquín, la playa”, merece una reedición más amplia que llegue a todos los públicos tanto en Colombia como en el ámbito hispanoamericano de los Estados Unidos y otros países. Aunada a la extensa y sólida obra poética y dramatúrgica de Falquez-Certain, sin duda alguna que tenemos aquí una visión novedosa, fresca y de gran factura, de innegable originalidad y belleza, digna de ser tenida en cuenta en nuestra literatura de hoy y del futuro.

—Pedro Arturo Estrada

Nueva York, 30 de diciembre de 2014

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