Por Ricardo Rocha

En estos días en que tantos acontecimientos han sucedido, hay dos que llaman mi atención y ambas tienen en común el idioma latín al cual han declarado una lengua muerta. A tal punto esta muerta que fue eliminada del pensum de la escuela secundaria en Colombia un país al que muchos críticos califican no de conservador sino de godo.
La élite intelectual que en Bogotá escribe columnas de opinión ha tenido un día campo con el matrimonio de la hija del Procurador.
Aunque el picnic que se han dado estos escritores tiene que ver con la lista de invitados y la misa -que al igual que el matrimonio- se realizó en el claustro de San Ignacio con copones de oro del siglo XVI. La misa fue oficiada en Latín de acuerdo con rito tridentino en el cual sacerdote oficiante da la espalda a la congregación. Todos se ríen porque la misa fue en latín, una lengua cuyo conocimiento básico seria bueno para la inmensa mayoría de quienes escriben en los medios colombianos. Pero el uso de la lengua de la Roma de Augusto y Adriano es una que se considera innecesaria, ahora cuando todo es tan moderno y debe tener fresco el aroma del plástico recién salido de la factoría.
El otro caso en el cual apareció el Latín fue en la declaración de renuncia del Papa Benedicto XVI. El hecho de que el Papa haya recurrido al latín para su anuncio nos indicaría que sigue siendo un idioma que tiene mucho por hacer, aunque en estos días se halle confinado a los programas de clásicos en las universidades y a los curas tradicionalistas que siguen las pistas de Monseñor Lefebvre el Obispo francés que rechazó los cambios liturgicos introducidos por el Concilio Vaticano II.
No sería una mala idea restablecer en el bachillerato lo básico de latín y griego. Con eso nuestros escritores de opinión no tendrían que declararse estupefactos por el uso de una lengua clásica, en algo tan antiguo como una misa.

Ricardo Rocha, periodista colombiano radicado en los Estados Unidos, ex jefe de redacción de El Heraldo de Barranquilla.