El actor Fabián Zarta vive un gran momento profesional.  A Lothario’s Lament, el cortometraje en el que actúa, ha sido seleccionado oficialmente en el Festival Internacional de Cannes en Francia y en el Festival Internacional de Cine en New York City

 

 

Fabian Zarta. Photo by Nereo

Fabián Zarta. Foto de Nereo

 

 Por Jorge Iván Mora

PANAMÁ. La tarde de otoño que conocí al actor Fabián Zarta, me pareció ligeramente imperturbable y en cierto modo asistido de una tímida simpatía, avasallada por su inclinación a lo trascendente.

Fue en el 2008, en una escuela griega ubicada en el sector de Astoria, la víspera inaugural de la Feria del Libro Multilingüe de Queens, mientras colaborábamos juntos en los preparativos.

Por esos días, Zarta andaba haciendo radio como un truco experimental de vivencia y sobrevivencia, pero lo profundamente suyo era la actuación, y a ella le dedicaba todas las horas posibles.

Aunque después nos acercamos lo suficiente como para entender su perseverancia con las tablas, nunca supe hasta ahora que había nacido  en una villa remota de la región central de Colombia llamada Purificación, en la provincia grande del Tolima. ¿Importante?, sí, es su Aracataca, su primer referente, su Macondo de aguas dulces, ceibas, blanca iglesia y alegorías del río la Magdalena. Y es un paisaje de su carácter.

Purificación, a secas, es un poblado de tierra caliente enquistado en una meseta que estira siempre los atardeceres, y el sol parece luna entre los vapores incandescentes de  cada sagrado mediodía.

Tal vez porque  en esos parajes de luz  siempre ha vivido la eternidad, es que el poeta León  de Greiff hablaba de ataraxia Echandiana, refiriéndose a esa personalidad de inmovilidad protectora caracterizada en las reacciones inteligentes del expresidente colombiano Darío Echandía, de origen tolimense.

Por eso creo que la ausencia de turbación, la disposición contemplativa, el silencio más bien largo,  se enquistó también en Zarta, como debía corresponder según su origen provincial, y la ligazón con su vocación por las artes escénicas no podía ser más cercana a esta hipótesis de influjo territorial, si su venerable abuelo, conocido en Purificación como el que más, se paseaba por los lugares de entretenimiento social del pueblo haciendo shows, trovando en los festivales locales, personificando los mitos vivientes de la actualidad, moviéndose, sencillamente por hobby, una inspiración que se fue metiendo en los huesos y en las ansiedades de Fabián de tanto verlo y quizás acompañarlo tomado de la mano.

Eso sí, la herencia le correspondió primero a su madre, aunque como dice el propio Fabián, por caminos distintos.

Fabian Zarta. Photo by Hector Carbuccia

Fabián Zarta. Foto de Hector Carbuccia

Las telenovelas, los seriados, esas narraciones audiovisuales novedosas que surgieron en Colombia en la edad de la niñez de Zarta, lo capturaron también pero en compañía de la abuela, con quien se sentaba puntualmente en el horario de las ocho de la noche a disfrutarlas. “Recuerdo la fascinación al mirar cómo estas historias en la pantalla podían paralizar una casa, un pueblo. Eventualmente, al crecer y ver más el mundo, noté que influenciaban multitudes. Ocurre lo mismo con el teatro, pero en otras proporciones”.

Cuando Fabián se graduó de bachillerato en Bogotá, la suerte estaba dada, no había marcha atrás. “Decidí que  mi vida sería en los escenarios y sets del mundo; eso siempre lo he tenido claro”.  Es un espíritu gitano que  heredó seguro de los tantos viajes que hacía su viejo abuelo o que descubrió en sus relatos únicos y  lo adentraban a un mundo distinto. “En ese  mundo de relatos prodigado por mi abuelo  yo tenía la facultad de colorearlos, y es en el teatro y el cine donde he creído que han tomado  vida propia de nuevo”.

Zarta voló de Bogotá a Nueva York movido por la fuerza del amor. Tuvo dificultades con el idioma, en principio no hablaba inglés. Asistió a la universidad Fiorello LaGuardia C.C, donde empezó a dar sus primeros pasos de actor. Allí recibió  un gran apoyo de algunos maestros como Catrina Ganey, inclusive recibió  tutorías privadas con la directora del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales, quien se especializaba en el lenguaje hablado. “Fue una bendición  para trabajar con mis scripts, pues pese a no ser fuerte en el idioma, me dieron a interpretar a Drácula, en Drácula Alma, una de dos grandes producciones locales que producían anualmente allí”.

Luego vino HB Studios, academia de actuación donde tomó clases, y en medio de todo trabajó como productor, corresponsal/locutor en RCN Radio y Caracol Radio de Colombia en New York 2007~2009, ello con un enfoque cultural y social.

De aquel Fabián Zarta, que inclusive actuó una temporada larga la obra El sexo del Ché, escrita y dirigida por el director y dramaturgo argentino Néstor Lacoren, pasamos al actor que con mayor madurez empieza a asumir nuevos retos y que admite que hay un gran y largo camino por descubrir, pero que ha venido acumulando maravillosas experiencias.

Por supuesto, mirar atrás permite aseverar que en el tejido de su camino ha acumulado también satisfacciones.  “Cuando estoy en los escenarios, cuando investigo un personaje, cuando leo sobre las temáticas sociales que podemos abordar para generar cambios, para inspirar a otros, y a sí mismo, esa es una satisfacción constante. Las audiencias o ‘participantes’ (como se diría en The Living Theatre) a veces no entienden todas las connotaciones y la responsabilidad socio-cultural, política e histórica que los artistas tenemos, aunque en cierta forma depende también de los artistas. Hay algunos que se dedican solo a entretener, hay otros que buscamos más trasfondos y matices”.

Sus paradigmas han sido trabajar, mantenerse activo, persistir, y ser a veces terco, puesto que a veces ayuda tener confianza, respirar profundo, aprender a reírse de sí mismo en los tiempos difíciles, estudiar, leer, entrenarse diariamente, salir y compartir y contarlo a todo el mundo si es posible, aprender a mirar sin juzgar, nutrirse de las experiencias de la gente y filtrar todas las voces a su alrededor. “Debo decir, hay muchas metas en proceso y sean bienvenidas las sugerencias: @fabianZarta”.

En el otoño de 2011 realizó  un taller especializado de actuación  con Olympia Dukakis, ganadora de un Oscar como Actriz de Reparto por la película Moonstruck.

Y su experiencia reciente ha sido enloquecedora: ha hecho un par de proyectos simultáneamente. Rodó A Lothario’s Lament, cortometraje en que actuó,  Cortometraje, dirigido por Sheila Simmons, y que ha sido seleccionado oficialmente en el Festival Internacional de Cannes en Francia, el Festival Internacional de Cine en New York City y El Festival de Cine de Hoboken. También trabajó en la obra Here We Are, escrita y dirigida por la leyenda del teatro mundial Jutith Malina del The Living Theatre. Y  recientemente ha grabado un episodio para la serie semanal Mortales, nueva temporada.  Algo como para estar pendientes los domingos de este verano en la noche por Telemicro Internacional, en el exterior, y   en el canal nacional para los amigos dominicanos, capítulo titulado Familia.

“Recientemente rodé del guion para la película Black Hamlet, en el rol principal, una historia fenomenal que toma lugar en NYC, y trata sobre la vida de un joven intersexual, una temática a tratarse más socialmente, allí trabajo junto al gran actor albanes James Biberi, escrita y dirigida por Don Close. Ahora mismo se trabaja para recoger los fondos para su realización”.

Vale decir que el artista no ha sido ajeno al trabajo social como un compromiso personal que le llena por dentro. “Definitivamente hay una necesidad filantrópica, los valores de la familia y la no violencia doméstica, es algo que me interesa promover”.

¿Qué sigue para Fabián Zarta a partir de este nuevo camino en su carrera actoral?

Aún quedan caminos por descubrir, sin duda, pero pretende enfocarse  en el cine en inglés y español. A futuro  quiere realizar producciones en italiano y portugués, y ya empezó a aprender portugués como su tercera lengua. “El teatro sigue muy presente, y hay cosas para TV que se están discutiendo también. Igual me interesan mucho las series en la Red de Internet, agrega, con el mismo ritual de despreocupación reflexiva que le conocí hace cinco años cuando ni siquiera podía yo imaginar que este joven actor había nacido en Purificación, un pueblo remoto, ardiente y contemplativo, erguido sobre una meseta en la región central de Colombia. (Conéctense en www.Twitter.com/FabianZarta).