Renandarío Arango

Nueva York

La frase se le quedó en un recodo de la memoria.

Seguía esperando ése momento que nunca llegaba.

Cada palabra, la fustigaba con una acidez gástrica que le envolvía en su rutina del día a día.  Evadía tener que ver a su patrona, a fuerza de tener que compartir espacios; aunque convivían en “El país de las oportunidades…”

Seguía diciendo para sí: “No en balde el tiempo cobra con justeza.  Tampoco es en balde que ni la visiten sus exmaridos ni sus hijos. Y que, además, esta vieja tenga que pagarle a cada quien por sus fingidas demostraciones de afecto.  Conmigo, bien poco puede sacar, pues ni lo uno, ni lo otro; no me convencen sus actitudes de generosa arrepentida. Yo hago lo mío y punto.”

Continuaba en su soliloquio: – “Esa señora debe tener el alma podrida por dentro.  Sólo piensa que con el dinero puede conseguirlo todo…; no sé con qué me va a salir ahora que es Navidad, ya que esa no cree en nada que no le represente dinero.  Tal vez se me haga la tonta, pero después de todo… ella a mí no me compra.  Apenas termine mi turno yo me largo… y ¡adiós Chavela!  Me largo a casa a descansar de verla por una semana; será una semana sin dinero, pero con todo el tiempo para mí sola, sin quien me dé ordenes.  Me imagino caminando por Manhattan hasta que se me hinchen los pies, viendo las gentes de Nuyork en los parques y las calles.  ¡Seré otra…, bien anónima!  ¡Me vooy… me muero de alegría!  ¡En media hora tendré toda mi libertad para mí sola!  Tomaré mis cosas, las empaco rápido, me le presento ya lista, y me despido.  Faltan quince minutos y ya me huele a gloria… ¡por fin seré libre, tan siquiera una semanaaa!”

“Veo que viene Rosa, – la encargada de personal, – no sé si me le escondo, me le hago la tonta o qué… ¿será que ni me ve… y sigue de largo?  Ya se acerca ésta…”

–          “Mire Chavela, que pase donde la señora que quiere hablarle.”

–          “¿Qué querrá?”

–          “No sé, no me dijo, sólo que quiere hablarle.”

–          “Voy, pues…”

“Tal vez me va dar uno de esos collares baratos con los que le salió a las otras y los veinte dólares de regalo en un sobre.  ¡Vieja tacaña!  Llena de millones, dándoselos a las beneficencias ésas que sólo le devuelven diplomas, y homenajes, mientras aquí, una le trabaja por las miserias de un salario mínimo.”

Caminó hasta la oficina de la millonaria con más miedo que rabia, para confrontarla.

–    “Si Señora, aquí estoy.”

–          “Chavela, como me debe una semana que se tomó por su enfermedad… y el personal se va de vacaciones, usted se queda para reintegrarme ese dinero.”

Conteniendo sus lágrimas, Chavela apenas alcanzó a decir: “Sí señora, ya sé… en este país de oportunidades, hasta la libertad cuesta dinero.”

 

RENANDARIO_ARANGO (1)Renandario Arango – Fotógrafo de profesión. Autoexilado por más de tres décadas. Sobrevive, mora o habita en Manhattan. Nace en Barranquilla bajo el signo de Acuario. Tiene exposiciones que cubre USA, Puerto Rico, Cuba, Uruguay, Francia, Venezuela y Colombia. Es columnista de redacción.com