Jose Acosta, pintor de esperanzas

Obra del artista cubano americano Jose Acosta en exposición en la Staying Alive (University of Pennsylvania Art Collection) On Exhibition at Van Pelt - Dietrich Library.
Obra del artista cubano americano Jose Acosta en exposición en la Staying Alive (University of Pennsylvania Art Collection) On Exhibition at Van Pelt – Dietrich Library.

 

Por Jorge Iván Mora Zapata

NUEVA YORK. Llegó a la edad de tres años a Nueva York procedente de San José, Cuba,  pero desde muy niño construía casas y edificios para divertirse con sus carritos de juguetes. Es seguro que de su país no tenga recuerdos pero es curioso que desde cuando empezó a dibujar y pintar con definida vocación, concite las miradas de quienes se acercan a sus cuadros por el color vivo de los paisajes del Caribe.

Desde la primaria tomó clases de arte y en el 2003, fue a estudiar en el Arts Students League of New York por 3 años, porque no podía ser de otra manera para perfeccionar lo que más ha amado: pintar. Aunque cabe decirlo, también es un exitoso profesional, ingeniero arquitecto, egresado de la Universidad de Pennsylvania, a cuya institución continúa vinculado a través de la organización de egresados.

De modo que el pintor Jose Acosta descubrió su intención de artista desde muy joven y gracias a que siempre tuvo claro ese interés por la pintura, ahora su trabajo desfila por muchos lugares de los Estados Unidos y Europa, ha recibido diversos reconocimientos y lleva la satisfacción de contar con un círculo amplio de coleccionistas que permanentemente están rondando su estudio para adquirir o demandar sus nuevas creaciones.

Jose Acosta artista plastico
Jose Acosta artista plastico

Como su sensibilidad lo ha dotado de una extraordinaria y escasa facultad humana, la bonhomía, a José Acosta, le alcanza el corazón para ser grato y también para participar con gestos silenciosos  en la promoción de valores comunitarios y por eso alrededor de su entorno social ha organizado o promovido eventos que lleven alegría a la gente y también enseñanzas pedagógicas.

No olvida y no deja de mencionar  a sus maestros y a quienes han influido en su crecimiento artístico: Pablo Acosta, Margarita Acosta, John Hultberg, Robert Graham, Peter Bloch, Arturo Alvarez, Elelis Peña, Hernando Merchand, Antonio Perez Melero, Patricia Fox Sheinwold, Peter Homberg, Nabil Fahmy y Mariano Del Rosario.

A los lugares a los que llega siempre lleva una respuesta sencilla que dibuja muy bien su valiosa personalidad: “mis obras son para dar energía e inspirar esperanzas”.

Seducido preferencialmente por el acrílico como material de base de su trabajo, en la obra de José Acosta, intervienen de forma decidida imagenes de rostros humanos que expresan distintos ánimos, girando alrededor de motivos que parecen salidos del fondo del mar, unos con apariencia de seres milenarios, otros como si fueran especies que flotan a través de la interacción de colores enérgicos, explícitamente vivos y fuertes.

Cada cuadro es una recreación de alegres fantasmas que danzan con el color y van acumulando sensaciones tranquilas,  acaso marcadas con aire de felicidad, como si el escenario no fuera más que un juego divertido donde nadie se asusta.

Es una virtud del pintor, si nos atenemos a la sentencia del maestro Pablo Picasso: “He invertido medio siglo aprendiendo a pintar con la perfecta ingenuidad de un niño”. Y es la esperanza en un lienzo, que surge de la  visión liberadora del artista.

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