Karla Florez Albor

Era la primavera y la familia de inmigrantes empezó a buscar un apartamento de dos cuartos. Se había aumentado el número de sus miembros. Era necesario mudarse, con tantos libros, juguetes y muebles no cabían ya en un aparta estudio.

Desde que llegaron a la Gran Manzana, con una hija pequeña, habían vivido en un edificio de clase media en un barrio vecino al prestigioso Forest Hills. El agente inmobiliario, los llevo a ver una casa de dos pisos en ese mismo barrio. Por la fachada, la casa se veía espaciosa, quedaba al frente de un parque. Vivian allí un par de ancianos, abandonados, no sólo por sus hijos sino también por el tiempo, que ni se detenía por allí.

El agente de bienes raices tocó la puerta. Una anciana abrió preguntando con tono cansado y fastidioso:  ¿Dónde está la familia?

El padre había bajado del auto, la madre y las hijas aguardaban por una respuesta para bajar a conocer la que podría ser su próxima vivienda.

– Aquí está el padre, es un profesional, gana bien y su esposa también trabaja… tienen dos niñas una de 6 y otra de 2 años. El agente hablaba con una sonrisa de vendedor complaciente mostrando la mercancía en venta.

– Están dispuestos a mudarse tan pronto ustedes decidan.

La anciana miró al padre de soslayo y con un suspiro se dirigió al agente.

– ¿Y de donde son?

– Son colombianos.

– Parece una buena persona, dijo la anciana, sin dejar de escudriñarlo con la mirada. Seguía dirigiéndose al agente ignorando por completo al padre.

– ¿Y las niñas?… ¿van a la escuela?

– Sí, van a una escuela privada, ellos tienen como pagarla, es decir van a responder con la renta, por eso no se preocupe…

– Bueno,  si es así puedo arrendarles el apartamento pero… sólo con una niña

El padre quiso hablar… no daba crédito a lo que escuchaba, sonrió indignado y pensó: “con razón a esta casa no llegan ni las moscas, con los sentimientos de estos ancianos decrépitos sólo las carroñas podrían venir aquí…”

El agente, con voz turbada y viendo como se transformaba la cara del padre, contestó – No tiene sentido lo que dice, ¿cómo se van a mudar sólo tres?

– Bueno… pueden enviar una niña a su país… al fin y al cabo los niños son un estorbo…  si ellos quieren hacer dinero aquí.

Con una forzada amabilidad, tratando de terminar la conversación rápidamente, el agente de bienes raices dijo:- “no se preocupe, creo que ellos no están interesados,  traeré otros inquilinos sin niños…”

– ¡Ah! y sin mascotas… respondió mientras cerraba la puerta.

El agente dijo al padre- – lo siento es muy difícil alquilar un apartamento en Nueva York con niños pequeños…

Desde el carro las niñas, preguntaron impacientes,

– Papi, papi ¿nos mudaremos aquí?

– Nooo… ¡ni de vainas!, respondió el padre, jocosamente… ¡en esa casa espantan!

Los cuatro se abrazaron intensamente.

– ¡Entonces… vamos a jugar al parqueee!. Dijeron primaveralmente las niñas.

 

Karla Florez Albor

Karla Florez Albor

 

Karla Florez Albor Barranquillera. Comunicadora Social Periodista. Enseña español a través del arte. Finalizó su maestría en Lingüística aplicada a la enseñanza del español como lengua extranjera. Radica con su familia en Queens, Nueva York. Escribe cuentos para niños. Danza para vivir. karla-florez.blogspot.com

 

 

 

 

Serie – Relatos de fin de año

1- Hasta la libertad cuesta dinero – Renandarío Arango – Lea relato

2- Un pedazo del sueño Americano – Gabriel Panagousoulis – Lea relato

3- Una visita al Tostadero – Blanca Irene Arbelaez – Lea relato

4- “Los niños son un estorbo” – Karla Florez Albor

5- Nueva York: una locura atrevida – Guillermo Lozano-Sharah – Pronto