Por Jacqueline Donado

Serendipity, portada del libro de Gustavo Arango

Serendipity, portada del libro de Gustavo Arango

Muy difícil creer que un hombre en plena juventud confiese que ya ha visto todo lo que tiene que ver en su vida luego de visitar la isla que desde niño recreó en su imaginación. El sueño de viajar a La lágrima de la India, llegar a las entrañas de la fuente de inspiración de su novela Morir en Sri Lanka era ineludible.

Un pacto espiritual más allá del interés turístico, de las fantasías de Simbad el marino, estuvo en ebullición por varios decenios en las entrañas del escritor Gustavo Arango. Finalmente, en la primavera de 2012, viajó para develar el misterio que inquietaba sus más recónditos sentimientos.
Gustavo Arango nació en Medellín (Colombia) en 1964. Luego de graduarse en periodismo en 1987, viajó a Cartagena de Indias a solicitar trabajo en la redacción del periódico El Universal, sencillamente porque allí, en esa misma sala de redacción, había iniciado su carrera de reportero Gabriel García Márquez.
La ciudad de Cartagena embrujó a Gustavo Arango, quien se ha identificado más como caribeño que como paisa; sin embargo, esa dualidad de regiones, sabores y ambientes se unifican cuando expresa que en su nuevo libro “Serendipity: Un viaje fotográfico por Sri Lanka”  habita en su humanidad una complicidad con la isla que recorrió en la primavera de 2012.
En el infinito del océano Índico que rodea a Sri Lanka, en las montañas sagradas, en los templos, en las coloridas túnicas de los monjes, en las caderas de las jóvenes casamenteras y en las sonrisas de los niños Gustavo Arango encontró su razón de ser.

Gustavo Arango en Sri Lanka

Gustavo Arango nos presenta un nuevo libro en donde desborda magistralmente sus emociones que fluyen en torno a su historia de reportero sagaz que ve lo invisible, con esa sensibilidad extrema que caracteriza al buen cronista, que pinta con sus palabras la cotidianidad de la familia que lo recibió en la isla y de inmediato lo adoptó como un hijo más.
El libro está lleno de anécdotas, de visitas a pueblos en donde la única manera de comunicarse era a través del lenguaje corporal, de sonrisas y de abrazos que convirtieron al escritor en un isleño más, que viajó en elefante y en mototaxis llamados “tutu”, que peregrinó por días hasta alcanzar la cima de la montaña sagrada en donde admiró la salida del sol en medio de cantos, flores y festejos.
Gustavo Arango viajó a Sri Lanka para conocer la proximidad a la muerte, al momento del paso final, y encontró un remanso de paz adonde no dudaría por un momento en regresar para exhalar el espíritu.