Por Edgar Barco
¿Crees en la coincidencias?, hace cuatro años atrás cuando trabajaba para un semanario del Condado de Hudson, escribí un artículo sobre las sincronizaciones y casualidades. Siempre he pensado que algo o alguien maneja nuestros caminos en el Universo.
Si la coincidencia es una anomalía del Universo o por el contrario: ¿su propia naturaleza? . Quizás es una “casualidad” los factores de identidad que sucedieron con los asesinatos de dos presidentes estadounidenses J.F. Kennedy y Lincoln, o las similitudes entre el Titan y el Titanic.
Uno de los casos más increibles fue el de Rey Umberto de Italia. Una enorme sorpresa desconcertante espera al rey Umberto de Italia la noche del 28 de julio de 1900, cuando decide ir a cenar a una posada próxima a Milán: ¡el posadero es su vivo retrato! Pero más sorprendido queda cuando, al conversar con él, descubre que ambos han nacido en la misma ciudad, su doble se llama Umberto como él, se había casado en igual día que el mismo rey, en idéntica ciudad y con una joven llamada Margarita, como la reina. Nos damos cuenta que el mundo toma cada momento entre millones de direcciones posibles todas ellas productos de las coincidencias.
En la página ROTATIVO, que editaba para el periodico EL ESPECIAL, escribí la historia sobre la tragedia de treinta personas que murieron cuando un tren de cercanías cayó desde un puente a la bahía de Newark, en Nueva York. Trágico accidente que, sin embargo, hizo ganar grandes sumas de dinero a los neoyorquinos: una fotografía del accidente aparecida en los periódicos mostraba el número 932 en el último vagón del tren siniestrado. Presintiendo que ese número tenía un significado, muchas personas apostaron aquel día al 932 en la lotería de Manhattan. Y ganaron. Ese artículo salió publicado en el Semanario de Miami, un hombre de apellido Fuentes me escribió a los pocos días, se había ganado el cash 3 con ese mismo número, el mismo día que salio publicado mi artículo, nada menos que el 932. ¿Pura casualidad?.
Otro caso que nos pone a pensar, es el de Henry Ziegland, de Texas. Para el año de 1893 abandonó a su amada. Ésta se suicidó y, para vengarla, su hermano disparó contra Ziegland, pero la bala paso rozando la cara del novio desertor y fue a incrustarse en un árbol. Veinte años después, Ziegland intentó cortar el árbol que tenía la bala en su interior y uso para ello dinamita. La explosión disparó la vieja bala, que mató a Ziegland.
La fascinación que sentimos por estas “casualidades” ha dado lugar a diversas teorías sobre su sentido y el papel que juegan en nuestras vidas. Uno de sus más grandes exponents, el biólogo austríaco Paul Kammerer se sintió tan atraído por lo que llamó “coincidencias seriales” que coleccionó durante más de veinte años cientos de ellas.
Estos hechos tienden a presentarse en secuencias o situaciones. En mi niñez ocurrienron muchas, pero una de las que más me llamó la atención fue la de la familia Antón, en la ciudad de Guayaquil. A mediados de los años 70 se mudaron en el 2713 de Lorenzo de Garaicoa, en una casa mixta de tres pisos, ocupaban el primer piso alto, en la primera planta baja, debajo de ellos vivía la familia Rios, encima se encontraba la familia Barco,  a su izquierda la familia Canales… y como si fuera poco, meses antes de su llegada al 2713, se había mudado la familia Arroyo. ¿Cree usted en las coincidencias?.
EDGAR BARCO es un diseñador gráfico ecuatoriano que vive en Union City, Nueva Jersey, y cree en las coincidencias.