Por Ricardo Rocha

Vernon JordanEs el verano de 1955 y el joven Vernon Jordan regresa a su ciudad natal, Atlanta (Georgia), para hacer internado en una compañía de seguros. No lo dejan pasar de la recepción cuando se dan cuenta de que el estudiante contratado en Chicago es negro. Su madre, que tiene un negocio de Catering y una clientela de blancos, lo conecta con la familia Maddox, cuyo patriarca, Robert, de 82 años, necesita que alguien ocupe el puesto de su chofer-mayordomo por un mes mientras el titular toma vacaciones.

Después de almuerzo Mr. Maddox solía tomar una siesta larga. Pero un día la acortó y halló al jovencito leyendo en la biblioteca de la mansión. Este es un fragmento de su libro de memoria: Vernon  puede leer (Vernon Can Read).

“Una tarde, mientras leía, Maddox bajó hasta la biblioteca y se quedó sorprendido al verme allí.

–¿Que estás haciendo en mi biblioteca?

–Estoy leyendo, Mr. Maddox.

–¿Leyendo?  Nunca he tenido un negro que trabaje para mí que pueda leer.

–Mr. Maddox, puedo leer. Voy a la Universidad.

— ¿Tú haces qué? ¿Vas a esas universidades para gente de color?

–No, señor. Voy a De Pauw University en Greencastle, Indiana.

–¿Muchachos blancos van a esa universidad?

–Si señor.

–¿Jóvenes blancas van a esa escuela?

–Sí señor.

–¿Estas estudiando para ser predicador o maestro?

–En realidad voy a ser abogado, Mr.Maddox.

–Los negros no están supuestos a ser abogados.

–Yo voy a ser abogado, Mr.Maddox.

–Humm. ¿No sabes que hay allá abajo un lugar para que todos Uds. se sienten y hagan lo que quieran?

–Sí, lo sé. Pero no pienso que a Ud. le gustaría que llevara estos libros para allá abajo. Ellos deben estar en la biblioteca.

Miró a su alrededor y finalmente dijo: “okey, léelos, sigue adelante”.

Se regresó por donde vino y pensé que era capítulo cerrado. Pronto descubriría que no era así.

Sus hijos vinieron con sus esposas para la cena esa noche, lo cual era común. Mientras yo me movía sirviendo sopa con mi chaqueta blanca y una servilleta doblada sobre mi brazo, Maddox dijo: “Tengo un anuncio que hacer”.

–Sí, papá- dijo uno de sus hijos.

Silencio. Y entonces añadió:

-Vernon puede leer.

Más silencio. Maddox añadió entonces:

–Y él va a la escuela con jóvenes blancos.

Nadie rompió el silencio. Finalmente, con mucha emoción afirmó: “Sabía que todo esto vendría. Pero estoy contento que cuando eso suceda yo no estaré aquí”.

La verdad es que sus invitados estaban avergonzados por esta demostración porque ya ellos sabían que yo podía leer. Sabían que era estudiante universitario porque fueron sus hijos quienes me contrataron a través de mi madre. Mi habilidad de leer fue algo que ellos consideraron que no tenían que mencionarla ante él. ¿Porqué debían hacerlo?.

*Vernon Can Read, by Vernon Jordan, Basic Civitas Books (Perseus Books Group), pags. 6 y 7.

N del T: El propósito de traducir esta sección del libro de Jordan es mostrar a los potenciales electores que toda situación por difícil que sea tiene solución si se lucha con ahínco para cambiarla. De esa sociedad en la que no se concebía que un negro supiera leer y menos que fuera abogado pasamos a una en la que el Presidente es precisamente un negro. Mi mensaje es que tenemos que atrevernos a cosas grandes porque es la única manera en que se reciben beneficios en grande. De mi afición a la pesca he aprendido también que si quieres atrapar un buen pez no puedes usar un anzuelo de mosca. El futuro está allí para la Región Caribe. Solo es necesario que nosotros emprendamos la tarea para apropiárnoslo sin esperar el permiso de nadie. Ricardo Rocha, periodista colombiano radicado en Estados Unidos ex jefe de redacción de El Heraldo de Barranquilla.