Álex Augusto Cabrera

Trece años, diez meses y veinticinco días, realmente había pasado mucho tiempo.
-¿Qué le diría?
– Hola,  cómo has crecido,  ya eres todo un hombre,  te quiero muuucho.
La emoción lo embargaba…
-¿Y él qué pensaría?  ¿le reprocharía tantos años de ausencia?
Lo único que le quedaba claro es que trece años atrás tenía siete y que ahora ambos eran dos hombres, aunque siguieran siendo padre e hijo.
Faltaba menos de una hora para verlo y le parecía todo un año. La noche anterior le informó muy claramente que sólo podía llegar hasta la terminal de Jamaica y que lo esperaría a que arribara allí a las diez de la mañana, en uno de esos trenes aéreos que van y vienen del JFK.
Siempre quiso subirse a uno e ir al aeropuerto sin que nadie le pida su número social, o que simplemente lo interrogue, tenía un miedo atroz a los uniformados, un miedo que venía de Lima, desde aquella vez que dos militares ebrios le dispararan sólo por diversión. Nunca pensó que su felicidad vendría en ese tren que tantas veces pasara en sentido contrario, porque se dirigía hacia donde él jamás podría ir.

Todo en Jamaica esta vez le parecía enorme, la gente iba y venía con las prisas de siempre, las noticias en la radio que una señora oía muy cerca de donde se encontraba, informaban la muerte de Mandela y una niña lloraba a cinco metros. Al menos ella tenía un padre cerca que no la dejaría crecer sola. Pensó en su hijo y a su mente retornaron esas horas en las que el mundo del que fue su niño comenzaban en su cuello.

-Papito quiero calle. Papito quiero calle.
Definitivamente fueron años felices.

En diez minutos llegaría el tren y su vida giraba a un año por minuto. Compró un café y trató de controlar sus ansias, pero no lo logró, sólo se vio muy viejo al fondo de la taza.
Venciendo sus temores se acercó a un policía y en un inglés balbuceante le preguntó si llegaría a tiempo el tren del Kennedy.
En cinco minutos estará el tren aquí, le respondió el oficial con algo de ternura.

Respiró hondo, decidió que lo mejor era bajar a la zona de abordaje número siete, desde allí observaría sin problemas la llegada del tren.
Tres minutos después subió de nuevo, necesitaba urgentemente otro café.
De pronto el mismo policía lo detuvo y con una gran sonrisa le dijo:
– Señor, señor… ¡Ya llegó el tren!

Su corazón latía desbocado.

Álex Augusto Cabrera

Álex Augusto Cabrera

Álex Augusto Cabrera, ciudadano peruano residente en Nueva York. Es autor de Breve Historia de las Hadas y De Bailes y de Sombras entre otros poemarios. Poemas suyos se han publicado en Poética del Arrebato -antología de la nueva poesía hispanoamericana-, en la revista Cinosargo, Ultraversal y Palabras de Difícil Sombra.

 

 

Serie – Relatos de fin de año

1- Hasta la libertad cuesta dinero – Renandarío Arango – Lea relato

2- Un pedazo del sueño Americano – Gabriel Panagousoulis – Lea relato

3- Una visita al Tostadero – Blanca Irene Arbelaez – Lea relato

4- “Los niños son un estorbo” – Karla Florez Albor – Lea relato

5- Nueva York: una locura atrevida – Guillermo Lozano-Sharah – Lea relato

6 –El Barco es de papel – Carlos Ortega Jr –Lea relato

7 – La muerte de Huidobro – Gabriel Jaime Caro (Gajaka) – Lea relato

8 – A las diez en Jamaica – Álex Augusto Cabrera

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