Francisco  Álvarez Koki

Mulay Ismail, caminaba cabizbajo y lento, por la calle 24 y la Segunda Avenida. Acababa de salir de la New York University, del departamento, donde los estudiantes podían ejercer de dentistas al público bajo supervisión de un facultativo, a un costo inferior al normal en cualquier consulta. El diagnostico había sido terrible. Cinco coronas que tenía que incrustar en su boca y cuyo coste podía llegar a unos siete mil dólares. Más de lo que cobraría un sicario por arrancarte la lengua y todos los dientes juntos. Con estas cavilaciones caminaba Mulay, como si estuviese concentrado en algún pasaje del Corán. Pensaba para sí que en su misma ciudad Tánger, ese mismo trabajo, no llegaría a costar mil dólares. Y de repente se da un encontronazo contra alguien que como el, pero en sentido contrario, atraviesa la calle. El individuo le mira de frente para recriminarle. Observa que tiene un acento como él y de repente los dos se sorprenden.- ¡Mulay!

– ¿Al-Kabir? Buscaron un café donde recordar viejos tiempos, cuando corrían descalzos por la calle Almanzor o en el Zoco. Una hora después se despidieron y quedaron de volver a encontrarse. En todo ese tiempo de conversación, Mulay observaba algo raro en Al-Kabir, sus ojos fijos, sus manos ya no eran morenas sino de un blanco sepulcral y una especie de aura le envolvía. El estado espiritual de Mulay había cambiado y le embargaba una angustia insostenible. En estos pensamientos divagaba Mulay, cuando llegó a casa.

A la entrada vio con cierto temor, que un sobre blanco con una cinta negra salía del buzón. La visión del sobre lo inquietó, sintió un temblor interior. Abrió el sobre atropelladamente y sus ojos parecían salir de sus órbitas. En letras de imprenta le comunicaban que su amigo de la infancia, Al-Kabir había muerto. Se había suicidado en Tánger. Ocurrió el suicidio dos días después de que las autoridades españolas lo habían deportado a su país Tánger. Mulay cruzó el umbral de la puerta, se acercó a la sala donde siempre había un pequeño altar, recogió de la mesa el Corán y se dispuso a rezar.

 

 

 

Francisco Alvarez KokiFrancisco Álvarez Koki nació en A Guarda (Galicia, España) y reside en Nueva York desde 1984. Sus títulos más recientes en gallego son Maruxía (Pontevedra: Diputación de Pontevedra, Colección Cies, 2010), Ratas en Manhattan (Ediciones Sotelo Blanco, Narrativa, 2007), Alén da fronteira (Ediciones Egasur, Poesía, 1999) y Mais aló de Fisterre (Pontevedra: Diputación de Pontevedra, 1991); y en castellano, Ratas en Manhattan, Para abril y amantesEscritores españoles en los Estados Unidos, Edición de Gerardo Piña Rosales (Nueva York: Academia Norteamericana de la Lengua Española, 2007), Entre tu cuerpo y mi cuerpo, Antología amorosa del autor, 1980-1996 (Pontevedra: Diputación de Pontevedra, 2006), Seis narradores españoles en Nueva York (Granada: Ediciones Dauro, 2006), Piel palabra, Muestra de la poesía española en Nueva York (Nueva York: Consulado General de España, 2003), Al fin del siglo, veinte poetas, Antología de poetas hispanos en Nueva York (Nueva York: Ollantay Press, 2000) y Entre dos aguas (Nueva York: Latino Press, 1995).

 

 

Serie – Relatos de fin de año

1- Hasta la libertad cuesta dinero – Renandarío Arango – Lea relato

2- Un pedazo del sueño Americano – Gabriel Panagousoulis – Lea relato

3- Una visita al Tostadero – Blanca Irene Arbelaez – Lea relato

4- “Los niños son un estorbo” – Karla Florez Albor – Lea relato

5- Nueva York: una locura atrevida – Guillermo Lozano-Sharah – Lea relato

6 –El Barco es de papel – Carlos Ortega Jr –Lea relato

7 – La muerte de Huidobro – Gabriel Jaime Caro (Gajaka) – Lea relato

8 – A las diez en Jamaica – Álex Augusto Cabrera – Lea relato

9- Al-Kabir – Francisco Álvarez-Koki

 

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