Miguel Falquez-Certain

 

      Hoy, con mi barba y mis cabellos hirsutos luego de varios días de tortura a manos de los lacayos de James, he decidido acabarla de una vez por todas. No les daré el placer de hacer conmigo lo que hicieron con Thomas, Ambrose y Robert: no contentos con asesinarnos por lo que creemos justo, digno y necesario, colgándonos entre el cielo y la tierra “por ser indignos de ambos”, quieren cortarme los genitales y quemarlos frente a mí, extirparme intestinos y corazón y, no satisfechos con esto, los salvajes me decapitarán, descuartizarán y arrojarán los pedazos por los cuatro puntos cardinales del reino para que los buitres se alimenten. De nada les sirvieron sus torturas: no lograron sacarme un solo nombre de mis compañeros vivos y, aunque la pólvora haya sido humedecida en la cripta, nuestra revuelta servirá de ejemplo a otros correligionarios que saben que nuestra causa es justa.

     Diez años luchando por nuestra religión en los Países Bajos y sirviendo de alférez y capitán en los ejércitos de Felipe no fueron suficiente aval para que este rey cobarde apoyara nuestra indomeñable rebelión. Poco le importó que el hereje concibiera un plan donde todos los papistas terminaríamos asesinados o exiliados.

     ¡Maldito sea Lord Monteagle! “Retírese a un condado donde pueda esperar los acontecimientos a salvo. Este parlamento recibirá un golpe terrible.” Por querer salvarle el pellejo salimos crucificados.  Más ligero que corriendo le fue con el cuento al rey y éste le ordenó a Knyvet que llevara a cabo una inspección urgente en los sótanos del Parlamento en la madrugada del 5 de noviembre. Allí me encontraron al salir, armado con una mecha de combustión lenta, listo a ejecutar el acto que nos traería la victoria.

     Soy la última de sus víctimas. Hoy, 31 de enero de 1606 en Westminster, asciendo al patíbulo del brazo del verdugo con mi frente en alto. Aunque sus torturas me hayan dejado exhausto, no les daré la satisfacción de completar sus salvajes ritos. Con la soga al cuello, salto al vacío, negándoles mi agonía.

© 2013 Miguel Falquez-Certain

Miguel Falquez Certain

Miguel Falquez Certain

Miguel Falquez-Certain (Barranquilla, Colombia) es autor de seis poemarios, una novela corta, un libro de narrativa breve y seis obras de teatro. Reside en Nueva York desde hace más de siete lustros donde se desempeña como traductor en cinco idiomas.

Serie – Relatos de fin de año

1- Hasta la libertad cuesta dinero – Renandarío Arango – Lea relato

2- Un pedazo del sueño Americano – Gabriel Panagousoulis – Lea relato

3- Una visita al Tostadero – Blanca Irene Arbelaez – Lea relato

4- “Los niños son un estorbo” – Karla Florez Albor – Lea relato

5- Nueva York: una locura atrevida – Guillermo Lozano-Sharah – Lea relato

6 –El Barco es de papel – Carlos Ortega Jr –Lea relato

7 – La muerte de Huidobro – Gabriel Jaime Caro (Gajaka) – Lea relato

8 – A las diez en Jamaica – Álex Augusto Cabrera – Lea relato

9- Al-Kabir – Francisco Álvarez-Koki – Lea relato

10- V de venganza – Miguel Falquez Certain –

 

 

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