Gilberto Gómez F.

Después de tener la visa arme viaje pal país del norte, ese mismo que en épocas pasadas todos madreaban y gritaban un Yanky Go Home y que hoy visitamos a ver si es verdad tanta carreta que nos han tirado. Y si, Nueva York descresta. Por algunos momentos recordé la ciudad de Barranquilla en sus mejores momentos, cuando aún no éramos la ciudad que florece de estos días. Tuvimos la oportunidad de mantener nuestro entorno art decó, republicano, Caribe y lo dejamos a la desidia y hoy engatusados por la nostalgia nos han desdibujado el imaginario haciéndonos creer que esta es la urbe de nuestros abuelos. Ja.

Así descrestado salía todas las mañanas a ser engullido por sus entrañas junto a miles de turistas, de trabajadores, de estudiantes que a la velocidad de un Subway dibujan su diaria ciudad. Y allí en Manhattan caminando por esos edificios de antaño embambados como museos, como bibliotecas, como estaciones y almacenes me sentía extraño. Y no sé porque, si están los Latinos en la acera vendiendo gorros, guantes, afiches y obras de arte, perros calientes y castañas, chuzos y maní calientes, igual que acá. Los mismos que irrumpen en  restaurantes vendiendo películas y discos quemados, pirateados que dicen.

Mientras mido el asfalto recuerdo una anécdota de un ilustre académico que en Roma ponderaba de la ciudad y sus ruinas y el guía le dijo, erudito? Y él dijo, no, subdesarrollado (de esos que conocen más otras aldeas que la suya) Y si lo soy, no he montado en el Transmetro que intenta brindar un servicio de transporte a mi ciudad pero si lo hice en Nueva York en el Metro, en sus buses. Subdesarrollado como el que más.

Nueva York brindándome sus excesos, la más fría en ese momento, con gorro, guantes y doble chaqueta; la más poblada, la más heterogénea y cosmopolita. El Barrio Chino o Chinatown con toda su parafernalia, venta de bisuterías, comidas exóticas de patos enteros guindados ahí cual cerdos en la 19, las tiendas y ambiente de SoHo y el Greenwich village. El temor de entrar a Harlem y ver tanto negro como cuando andaba por el bajo valle. Negros orgullosos de su personalidad, de pertenecer al centro del mundo con sus pintas, cortes, maneras y ademanes.

Caminar Queen, los barrios de judíos como el área de Kew Garden y Forest Hill, mirar Sears y recordar cuando Barranquilla tuvo el suyo allí diagonal a la Catedral. Y a propósito impresionan los templos; si los de Bogotá descrestan acá la Catedral de San Patricio sorprende. Es imponente con un mantenimiento que pareciera que no le pasara el tiempo. Igual que la anglicana de San Juan el Divino. Eso es un templo que deja la boca abierta. Sin tantas imágenes y usadas como galería de exposiciones sus naves laterales no deja de recordarme, guardando las proporciones a la Iglesia de San Roque; quizás por el entorno, el colegio y tener un hospital muy cerca.

Comparaciones odiosas, pero subdesarrollado que es uno. Caminar la Quinta avenida, subir al Empire State Bulding y ver la urbe en su totalidad, entrar a la Biblioteca Pública y ver sus exposiciones de libros, ver la veneración como locales y extraños entran a estos templos de cultura y callados observan todo como si en silencio comparáramos nuestras realidades con las que vemos.

La vuelta a la Estatua de La Libertad y recordar ese final de unas de las películas de los X-men, ver a los chinos o más bien a los orientales subidos a esos buses disparando desde la trinchera del segundo piso sus cámaras con todos los lentes inventados y riéndose de todo; saber que te pica el hambre y esperas que el dependiente del restaurante hable #ingles británico como uno y no ese que hablan ellos y que ellos solo entienden.

Y lógico entrar a Bestbuy a ver si tienen los mismos precios que Parque Central y en Macys cazar las rebajas pa’ venir a chicanear con los Docker y los Clarks. Comerte un perro caliente en una de esas esquinas a ver cuál es la bulla y recorrer vitrinas y eso sí, también tomar fotos. Frescos, volveré.

Gilberto GomezGilberto Goméz F. – Escritor de cuentos breves. Blogger de muchos años. Diseñador

Serie – Relatos de fin de año

1- Hasta la libertad cuesta dinero – Renandarío Arango – Lea relato

2- Un pedazo del sueño Americano – Gabriel Panagousoulis – Lea relato

3- Una visita al Tostadero – Blanca Irene Arbelaez – Lea relato

4- “Los niños son un estorbo” – Karla Florez Albor – Lea relato

5- Nueva York: una locura atrevida – Guillermo Lozano-Sharah – Lea relato

6 –El Barco es de papel – Carlos Ortega Jr –Lea relato

7 – La muerte de Huidobro – Gabriel Jaime Caro (Gajaka) – Lea relato

8 – A las diez en Jamaica – Álex Augusto Cabrera – Lea relato

9- Al-Kabir – Francisco Álvarez-Koki – Lea relato

10- V de venganza – Miguel Falquez Certain – Lea relato

11- “Que viva la yuca” – Adriana Ferrer Guzmán – Lea relato

12- Némesis en Harlem – María Palitachi – Lea relato

13- De visita en el Imperio – Gilberto Gómez F. Lea relato

 

 

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